Abril 2010 Miércoles 21
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Buenos dias Comunidad. Sentada frente al ordenador oyendo el típico "ta-ca-ta-ca-ta-ca" de mis dedos sobre el teclado, me doy cuenta de la cantidad de sonidos que hay cada día a nuestro alrededor. Muy cerca de nuestra casa hay un pájaro que aún no he acabado de descubrir cual es, que puntualmente, cada mañana nos obsequia con su "Uh-Uh". El verano pasado escuché ese sonido mientras estábamos en Empuriabrava de vacaciones y mi cerebro, que siempre habia oido ese canto pero nunca lo habia escuchado, me transportó a mi casa en unos segundos. Uno de los ejercicios que solemos hacer a los niños que se inician en el dificil arte de la música es mantener el silencio en clase y aprender a escuchar los diferentes sonidos que nos acompañan sin ser conscientes de ello. Una puerta que se cierra, los pasos de un profesor que se dirige a su clase, la tenue vibración de un violín en una clase lejana, el estornudo que acaba de hacer la recepcionista de la escuela... Todo este preludio retórico-filosófico, viene a que hoy me he despertado con el ensordecedor ruido de una de esas furgonetas que a 10 por hora van paseando por la ciudad anunciando un producto que están vendiendo a domicilio. Una eufórica grabación anunciaba: "Señora, patatas de la Rioja en la puerta de su casa". De repente me he imaginado la escena: Abro la puerta, confiada, y delante de mis narices aparecen unas patatas (Riojanas, eso sí) esperando a ser bienvenidas. Qué susto. Un beso a todos y muy feliz miércoles. IBEL
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