Julio 2009 Domingo 26

Publicado en por La Comunidad de Bea

   

 

 

  

¡Muy buenos dias a todos!

 

Ayer recordé algo sobre anécdotas médicas.

 

Yo exageraba (cosa extraña en mí) al decir que el farmacéutico quiso sacar la cámara de fotos para dejar constancia de mi enorme roncha producida por el mosquito tigre que llevo en el bolsillo.

 

Recordad que la roncha era de, nada mas y nada menos 30 CM.

 

O al menos eso escribí ayer. A veces la exageración la llevo tan profundamente arraigada, que ya me sale sin proponérmelo.

 

Pues bien,  lo de la cámara de fotos no era cierto, por supuesto, pero una vez sí me ocurrió esto, con mi dentista.


Una situación de lo mas paranóica.

 

El dentista estaba perforándome una muela. No hay otro verbo para describir ese espantoso "ññiiiiiiiiiiiiiiiiii" de esa espantosa máquina que agujerea dientes.

Cuando llegó a las profundidades de mi atrofiada muela, se paró en seco y empezó a llamar a gritos a la enfermera:  "¡mira, mira, mira!"

 

Esa es una situación de lo más estresante.

 

Todas hemos pasado por el dentista y ya sabéis lo que es estar con la boca abierta, llena de tubos aspiradores (agh! odio eso) y de todo lo que va a parar allá dentro, que puede ser tranquilamente  el material que utiliza el dentista, ya que al tener esa parte del cuerpo dormida, no nos enteramos de lo que llega a haber allí dentro.

 

Estoy segura que utilizaba uno de mis huecos para colocar alguna pinza u otro artilugio.

 

A lo que iba, que hay que ver la mania que tengo de desviarme del tema.

Yo no sé que tenía mi muela, pero al parecer , segun palabras del propio médico era algo:

"que solo se ve una entre mil".

 

Hizo llamar a su colega que estaba en otra consulta. Los dos empezaron a mirar mi boca como si de una hermosa mujer se tratara.


Suspiraban y gemian con entusiasmo y estaban tan emocionados que yo empecé a sentirme incómoda.


Pocas veces habia despertado mi boca tantos suspiros. Pero claro, no estoy hablando de una imagen poética, era mi boca abierta hasta decir basta y el resto de mi cara (adormecida) con los ojos a punto de salir de mis órbitas.
El caso es que me pidieron permiso para hacerle fotos a mi muela.

 

Increíble, pero cierto.


Mas tarde, cuando le expliqué el caso a Juanjo, él me preguntó, muy serio, si habia pedido derechos de imagen.

 

Con una minúscula cámara digital empezaron a hacer fotos desde todos los angulos posibles, si es que es posible encontrar ángulos en ese espacio tan reducido.

 

Yo ya tenía la mandíbula desencajada.

 

Al final, me pidieron permiso para publicar esas fotografias en sus libros médicos.

 

Cuando alguien me pregunta, debido a mi profesión, si soy famosa, yo contesto:
"Yo no, pero mi muela sí"

...Ahora estoy recordando que mi fisioterapeuta me comentó que mi columna vertebral se marcaba mucho y era ideal para poder fotografiarla y estudiar las partes de estructura osteofibrocartilaginosa  (que bien me ha quedado esto último) por lo que estoy empezando a preocuparme.

 

El único interés que despierto a los hombres es el interés médico.

 

Si eso no es sinónimo de hacerse mayor, que baje Esculapio y me lo diga.


¡Besos!

IBEL

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Etiquetado en Buenos dias Comunidad

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