Noviembre 2009 Viernes 6
| Viernes 6 de Noviembre | [ MODIFICAR ] |
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Feliz día a todos. Viernes ya y luce el sol aunque hace un frio del carajo. Eso dice el refrán cuando el grajo vuela bajo. Cuanta aliteración de "ajo". Bueno, y después de este feliz y del todo innecesario preámbulo voy a dar paso a otra de mis batallitas, porque mi terapia es desahogarme aquí después de tantos dias sin poder escribir ni "mú". Qué terriblemente horroroso es estar desconectada (literalmente hablando) del mundo. La buena noticia, (aparte, por supuesto de que ya he recuperado la conexión) es que he ido acumulando anécdotas para escribir un libro. Una de ellas es mi experiencia en el locutorio. Ya no existen los cyber-café, aquellos lugares tan emblemáticos donde cientos de personas estaban en constante contacto con otras tantas que no eran, precisamente, las que tenian al lado. Ahora, la moda, por decirlo de alguna manera, son los locutorios. Pequeños establecimientos en los que no entraría a no ser que fuera una urgencia. Y conectarme aunque fuera durante media hora, era una urgencia, así que, ni corta ni perezosa, me presenté en uno de estos pintorescos sitios para ponerme al dia con mi correo. Eso, ya de por sí, era una imagen del todo escabrosa, pero yo mirándole al único ojo que tenía, le dije, casi en un susurro que quería conectarme durante una hora a internet, y si eso era posible. Me miró con su mirada de Cíclope desconfiado y me indicó un ordenardor que habia situado en un rincón del pequeño antro. Pude distinguirlo porque habia una enorme pantalla, pero estaba escondido entre mil cachivaches de dudosa procedencia. Antes de nada le pregunté por el precio, no fuera a ser que me viera novata en ese menester (realmente lo era) y me cobrara un precio abusivo. Se lo hice repetir porque me pareció excesivamente barato, pero en efecto ese era el precio. Creo que a partir de ahora me conectaré más a menudo desde estos pintorescos sitios. Sale casi mas barato que tener una conexión en casa que no siempre (ay) funciona. Lo cierto es que estuve muy tranquila durante mis sesenta minutos de comunicación y solo al final me percaté de la cantidad de gente que había alrededor del mostrador compartiendo una charla amigable e incomprensible para mí con mi tuerto anfitrión. Repetí experiencia al cabo de unos pocos dias, en el mismo sitio y casi a la misma hora. El chico me miró con su única pupila de una manera que parecía decir: "esta chica es una friki" Es increíble cómo un solo ojo puede expresar tanto. Si no fuera porque soy vegetariana, la próxima vez, le propondré compartir esos deliciosos bocadillos de chopped. Besos a todos IBEL
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