Diciembre 2009 Sábado 5
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Muy buenos dias a toda la Comunidad. Mirad qué preciosas rosas. Todas las flores son hermosas, pero creo que la rosa es una de las más bellas, por no decir lo riquísima que está. ¿Os he contado alguna vez mis ensaladas con pétalos de rosas, robadas, por supuesto del patio de mi vecino? (por cierto, el mismo de la parra. No gana el pobre para mantener su jardín en condiciones con semejante vecina hambrienta de plantas y demás vegetales ajenos). Pero hoy no voy a hablaros de mí, que ya empiezo a parecerme a Don Hermés Pinzón, cansón como el que más. Hoy voy a explicaros una leyenda mitológica muy linda. Es la preferida de mi madre y la cuenta a la mínima de cambio sin que los demás puedan escaquearse. Ya sabéis a quien he salido. Otra flor bellísima es el crisantemo. Los japoneses adoptaron este flor como emblema nacional, y cuenta la leyenda (una de tantas) que una madre, desesperada porque su hijo se encontraba enfermo, acudió a un anciano muy sabio para pedirle ayuda y éste le dijo: _"Tráeme dentro de unos días un crisantemo, entonces yo contaré los pétalos, y te diré cuántos días vivirá tu hijo". La flor, solo tenía cuatro pétalos, y la mujer, desalentada, cogió la flor y con la aguja que adornaba su cabello, fué cortando pacientemente los cuatro pétalos, dividiéndolos en pequeñas hojas, procurando de esta manera que la flor tuviera cientos de pétalos y asegurarse de que la vida de su hijo fuera muy larga. El anciano, al ver la argucia de la mujer, sonrió y prometió que su hijo viviría muchísimos años, tantos como pétalos tenía esa nueva flor, creada con el amor de una madre. Claro que la mía, mi madre, explica la versión de la chica enamorada que pedía a ese mismo anciano vivir muchos años junto a su amado. Y con la misma astucia, cortaba los pétalos del crisantemo para que esta flor tuviera cientos de ellos y consolidar así la relación con su pareja. Al cabo de unos años, la chica en cuestión, después de muchas lavadoras, muchos platos por fregar, después de años fregando, cocinando, planchando y soportando los ensordecedores ronquidos de su marido, se llevaba las manos a la cabeza con desesperación y se preguntaba exasperada: _¿Por qué no escogí un lirio?"_ Mil besos a todos y muy feliz fin de semana IBEL
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