Diciembre 2009 Viernes 4

Publicado en por La Comunidad de Bea

Viernes, 4 de Diciembre

 

 

¡Muy buenos dias!

Ayer, hablando sobre las preferencias culinarias de mi hijo Oscar, a cual más estrafalaria, mencioné la cebolla.

Mi cerebro a veces (he de reconocer que no siempre) funciona a toda pastilla.

El solo nombre de algo (y ese algo puede ser una simple cebolla o un monolito o vete tú a saber qué) hace que mis neuronas se comuniquen entre sí a marchas forzadas y recuerde otra anécdota de la que, por supuesto, y como habréis adivinado mientras os lleváis las manos a la cabeza con resignación, os voy a hablar ipso facto.  

Curioso tiempo el de invierno.

Durante la época estival simplemente nos vestimos con lo más ligero que tengamos a mano y va que chuta.
En la fría estación de invierno la cosa se complica sumamente.

Teóricamente debemos proveer nuestro cuerpo con mullidos jerseis de lana y demas indumentarias, pero eso supone un gran problema cuando entramos en algun sitio (léase oficina, bar, caja de ahorros...).

Tanto abrigo y tanta proliferación de prendas cálidas pueden causarnos, como mínimo, volver a pasar el sarampion, puesto que lo acostumbrado es que los lugares cerrados hagan uso desmesurado de calefacciones varias.


Yo recurro a vestirme con el método "cebolla"
(ahora entendéis la alusión)

Empiezo con una camiseta de tirantes, las cuales aún pululan alegremente por mi armario porque Luisi aun no se ha digando en venir, sigo con una camiseta de manga corta, y a continuación una camisa o una chaquetita ligera.

Continuo con un jersey de pproporciones mas gruesas y "por si acaso" llevo otra chaqueta en el bolso "no vaya a ser que refresque mas de la cuenta que nunca se sabe"


Y para terminar, of course, el abrigo o anorak. No menciono los guantes y bufandas  porque es obvio.

Cuando llego al lugar donde la temperatura está por encima de los 20 grados, empiezo a quitarme ropa.

Primero una prenda, después otra. He llegado a quedarme casi en cueros en mas de una ocasión.

Hace unos  dias, en un bar, cálido y acogedor, manera poética de decir que tenian la calefacción a unos extremos insoportables, yo empecé con mi ritual.

A cada sorbo de mi café con hielo (porque eso sí: el café siempre helado, sea invierno o verano) yo iba quitándome primero una, después otra vestimenta.


Al final, el camarero no pudo resistir la tentación de acercarse y decirme:
_"Por favor, no sigas quitándote más ropa".

El método cebolla es el mejor para pasar estos crudos dias de invierno. Os lo recomiendo.

Besos
IBEL

 

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