Marzo 2010 Viernes 12
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Buenos dias y feliz viernes a todos. Ayer estuve pensando en Concha y en su merecido descanso después de 35 años trabajando porque Juanjo me comentó que quería "jubilarse" a los 36 años (¡!) para poder dedicarse a hacer las cosas que siempre ha querido hacer (que no es más que descansar. Bueno es él para eso) y aunque mi marido es "algo" exagerado, pensé que en parte tiene razón. Todos merecemos unos paréntesis en nuestras ajetreadas vidas y a veces las vacaciones no son suficientes. Concha, es magnífico que tú tengas esa oportunidad dentro de poco, aunque haya sido a consecuencia de un suceso inesperado y triste. Yo no soy tan exagerada (ejem) como Juanjo y espero jubilarme a los...mmmm....¿40? Glups. Eso ya pasó hace rato. Me hago mayor. Ya lo se. Y se que vosotros también lo sabéis porque no es la primera vez que lo digo. He mencionado en alguna ocasión que eso tiene sus ventajas, como la de ir refunfuñando por la vida como si fuera lo mas normal del mundo y sin esa sensación de vergüenza que nos invade cuando somos jóvenes. Pero también existen algunas desventajas, como la de percatarse que vas hablando sola por la calle, o lo que es aún mas absurdo y que yo suelo hacer últimamente casi sin darme cuenta: hablarle a las máquinas. Las nuevas tecnologias están hechas para las nuevas generaciones. Eso de que un artefacto te diga : "Gracias por utilizar este servicio" o cualquier cosa semejante, me desarma por completo. No puedo evittar contestar con un "gracias, majo" Hay miles de respuestas para cada situación con tales bichos mecánicos. Seguro que a vosotros (que sí, que sí, que también os hacéis mayores) os ha ocurrido lo mismo en mas de una ocasión. Por otra parte, dichos utensilios causan en muchas ocasiones algo muy parecido a la ternura. Cuando mi hermano estrenó, por allá los años 80, su primer ordenador, creó un programa (en lenguaje Basic, imaginaos de que época hablo, cuando Windows solo era la palabra inglesa para describir "ventanas") en el que el usuario debía contestar a una serie de preguntas básicas (nunca mejor dicho) y el, ahora obsoleto, computador, ponía en pantalla tus respuestas. Una de las preguntas era "Cual es su nombre" y mi tio, gracioso como el que mas, escribió: "Joaquinito" El ordenador contestó amablemente: "Buenos dias, señor Joaquinito" Qué tierno. Concretamente con un cajero automático que me hizo la inapropiada pregunta de: A lo que yo respondí sobresaltada: "¡No por favor! Ni se te ocurra" en voz suficientemente alta para que un par de personas (jóvenes) que se encontraban allí me miraran como a un bicho raro. Una señora de mas o menos mi edad, simplemente me miró y dirigió una mirada desaprobadora a la indiscreta máquina charlatana y me sonrió con simpatía y condescendencia.
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